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Terapia manual que se enfoca en restaurar la funcionalidad de las estructuras del cuerpo a través de manipulaciones suaves, precisas y no invasivas.

ESTRES Y ANSIEDAD

ESTRÉS Y ANSIEDAD: SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

¿Cómo pueden ayudar las terapias manuales en los cuadros de estrés y ansiedad?

El escritor y filósofo Henry David Thoreau, a mediados del siglo XIX, en su obra “Walden, la Vida en los Bosques”, dejó plasmada una frase con la que hoy en día, cualquiera de nosotros podría sentirse perfectamente identificado. Uno de sus pasajes dice: “la mayoría de los hombres, viven su vida sumidos en una tranquila  desesperación”.

Este trabajo no pretende realizar una crítica social hacia los tiempos en los que nos ha tocado vivir. Sin embargo sí sería conveniente recapacitar un por un momento sobre las consecuencias directas de ésta, nuestra forma de vivir y, tomar conciencia de la importancia del equilibrio en la vida del individuo así como los múltiples beneficios que las  terapias manuales puede aportar para alcanzar dicho equilibrio. 

Si actualmente formuláramos la siguiente pregunta: “si se te concediera un deseo ¿qué pedirías?”, la respuesta más común sería: “ser feliz”.

Todos queremos ser felices, pero no todo el mundo sabría explicar exactamente en qué consiste ser feliz. Hoy en día, muchos autores (por no hablar de religiones y tratados filosóficos) defienden que la felicidad está, de una manera o de otra, relacionada con el equilibrio.

Si somos capaces de simplificar este concepto, todo cobra bastante sentido, ya que el equilibrio es una ley universal que forma parte de la vida, por no decir que es la fuerza fundamental por la que se rige toda clase de vida conocida.

Si buscáramos la definición de este concepto a nivel físico encontraríamos lo siguiente:

Se denomina equilibrio al estado en el cual se encuentra un cuerpo cuando las fuerzas que actúan sobre él se compensan y anulan recíprocamente.

En tanto, si bien el término goza de un amplio uso en distintas áreas, como puede ser la física, la biología o la economía, en todas éstas siempre se referirá a algo que se mantiene en justa medida a pesar de las incidencias o contingencias”.

Esto último, en mi humilde opinión, es lo que encierra buena parte del secreto para alcanzar ese preciado objetivo cada día de nuestras vidas: sentirnos felices.

Las incidencias y contingencias en los tiempos que corren, son abundantes. Si nos paramos a contemplar un segundo la sociedad en la que vivimos y el modo de vida que llevamos, veremos que un sencillo día de nuestra vida está repleto de situaciones que nos exigen una adaptación rápida y constante, tanto física como mental y emocional.

Esto supone que estamos expuestos a continuos cambios que nos afectan continuamente y que, sorprendentemente, muchas veces resolvemos  (sin ser siquiera conscientes de ello) con éxito. Sin embargo, ésto no siempre es así.

Cuando las circunstancias de cualquier índole, bien sean laborales, personales, físicas, emocionales… suponen un reto mayor al que somos capaces de adecuarnos,“en su justa medida”, perdemos el equilibrio y ahí, es cuando empiezan los problemas, es decir, el desequilibrio.

Sería difícil enumerar todas las posibles manifestaciones provocadas por estos desequilibrios, ya que son muchas las formas en las que se traducen y manifiestan en nuestro organismo.

Igualmente, de sobra está decir que seguramente, las técnicas de masaje terapéutico no pueden combatir, bien sea de forma aislada o asociadas incluso a otras terapias y tratamientos, todas las enfermedades producidas por nuestro ritmo de vida. Es más, en algunos casos, tal vez, el masaje estaría, incluso, contraindicado.

Sin embargo, sí es objeto de este trabajo insistir allí donde las terapias manuales sí puede contribuir, y mucho, a restaurar el equilibrio en individuos que se ven afectados por los síntomas, tan tremendamente comunes y nocivos para nuestro organismo, como consecuencia de nuestro día a día, como son los estados de estrés, depresión y ansiedad.

La alteración de nuestro estado anímico y emocional puede verse mejorado con la aplicación de la osteopatía y el quiromasaje, si las técnicas del terapeuta, el número de sesiones y, la actitud del paciente y del terapeuta son las apropiadas.

Desde mi punto de vista, el desequilibrio que pretendemos tratar, se encuentra entre el cuerpo y la mente. Si bien podemos desarrollar patologías físicas por cuestiones de mentalidad o pensamientos negativos o inadecuados a las circunstancias que nos rodean en un momento determinado, también podemos aliviar cuestiones psicológicas a través del cuerpo.

Es como un carril de doble sentido, un proceso reversible, por lo que muchas veces, cuando uno de los dos (el físico o el mental) se ve afectado, rara vez no termina afectando al otro. Aquí, el equilibrio, una vez más, es fundamental para recuperar el bienestar.

Las herramientas de las que dispone un terapeuta son fundamentalmente sus manos y el conocimiento de lo que haga con ellas sobre el cuerpo del paciente.

En los siguientes apartados, veremos qué maniobras podemos aplicar para conseguir las diferentes reacciones físicas sobre un individuo y, cómo éstas pueden desencadenar una serie de beneficios inmediatos para contrarrestar los síntomas producidos por el estrés, la ansiedad o la depresión.

El estrés

Una vez metidos en materia, lo  primero de todo es saber a qué nos enfrentamos.

El Estrés (del inglés stress, ‘fatiga’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, a pesar de lo cual hoy en día se confunde con una patología. Esta confusión se debe a que este mecanismo de defensa puede acabar, bajo determinadas circunstancias frecuentes en ciertos modos de vida, desencadenando problemas graves de salud.

Cuando esta respuesta natural se da en exceso se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano.

Algunos ejemplos son los olvidos (incipientes problemas de memoria), alteraciones en el ánimo, nerviosismo y falta de concentración, entre otros síntomas.

Es una patología emergente en el área laboral, que tiene una especial incidencia en el sector servicios, siendo el riesgo mayor en las tareas en puestos jerárquicos que requieren mayor exigencia y dedicación.

El estrés crónico está relacionado con los trastornos de ansiedad, que es una reacción normal frente a diversas situaciones de la vida, pero cuando se presenta en forma excesiva o crónica constituye una enfermedad que puede alterar la vida de las personas, siendo aconsejable en este caso consultar a un especialista.

Síntomas generales del estrés

El efecto que tiene la respuesta al estrés en el organismo es profundo:

  • Predominio del sistema nervioso simpático (vasocontricción periférica,  taquicardia, taquipnea, ralentización de la motilidad intestinal, etc.)
  • Liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), de cortisol y encefalina.
  • Aumento en sangre de la cantidad circulante de glucosa, factores de coagulación, aminoácidos libres y factores inmunitarios.

Todos estos mecanismos los desarrolla el cuerpo para aumentar las probabilidades de supervivencia frente a una amenaza a corto plazo, no para que se los mantenga indefinidamente, tal como sucede en algunos casos.

A medio plazo, este estado de alerta sostenido desgasta las reservas del organismo y puede producir diversas patologías (trombosis, ansiedad, depresión, inmunodeficiencia, dolores musculares, insomnio, trastornos de atención, diabetes, etc.)

El origen del estrés se encuentra en el cerebro, que es el responsable de reconocer y responder de distintas formas a los estresores. Cada vez son más numerosos los estudios que corroboran el papel que juega el estrés en el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.

Un estudio de la Universidad de California demostró que un estrés fuerte durante un corto período de tiempo, por ejemplo, la espera previa a la cirugía de un ser querido, es suficiente para destruir varias de las conexiones entre neuronas en zonas específicas del cerebro.

Esto es, un estrés agudo puede cambiar la anatomía cerebral en pocas horas. El estrés crónico, por su parte, tuvo en experimentos con ratas el efecto de disminuir el tamaño de la zona cerebral responsable de la memoria.

Factores desencadenantes del estrés

Los llamados estresores o factores estresantes son las situaciones desencadenantes del estrés y pueden ser cualquier estímulo, externo o interno (tanto físico, químico, acústico o somático como sociocultural) que, de manera directa o indirecta, propicie la desestabilización en el equilibrio dinámico del organismo (homeostasis).

Una parte importante del esfuerzo que se ha realizado para el estudio y comprensión del estrés, se ha centrado en determinar y clasificar los diferentes desencadenantes de este proceso.

La revisión de los principales tipos de estresores que se han utilizado para estudiar el estrés, nos proporciona una primera aproximación al estudio de sus condiciones desencadenantes, y nos muestra la existencia de ocho grandes categorías de estresores:

  1. situaciones que fuerzan a procesar información rápidamente,
  2. estímulos ambientales dañinos,
  3. percepciones de amenaza,
  4. alteración de las funciones fisiológicas (enfermedades, adicciones, etc.),
  5. aislamiento y confinamiento,
  6. bloqueos en nuestros intereses,
  7. presión grupal,
  8. frustración.

Sin embargo, cabe la posibilidad de realizar diferentes taxonomías sobre los desencadenantes del estrés en función de criterios meramente descriptivos; por ejemplo, la que propusieron Lazarus y Folkman (1984), para quienes el ‘estrés psicológico es una relación particular entre el individuo y el entorno (que es evaluado por el individuo como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar).

Por eso se ha tendido a clasificarlos por el tipo de cambios que producen en las condiciones de vida.

Conviene hablar, entonces, de cuatro tipos de acontecimientos estresantes:

  1. Los estresores únicos: hacen referencia a cataclismos y cambios drásticos en las condiciones del entorno de vida de las personas y que, habitualmente, afectan a un gran número de ellas.
  2. Los estresores múltiples: afectan sólo a una persona o a un pequeño grupo de ellas, y se corresponden con cambios significativos y de trascendencia vital para las personas.
  3. Los estresores cotidianos: se refieren al cúmulo de molestias, imprevistos y alteraciones en las pequeñas rutinas cotidianas.
  4. Los estresores biogénicos: son mecanismos físicos y químicos que disparan directamente la respuesta de estrés sin la mediación de los procesos psicológicos.

Estos estresores pueden estar presentes de manera aguda o crónica y, también, pueden ser resultado de la anticipación mental acerca de lo que puede ocurrir en el futuro.

Una variación del Estrés es el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es un trastorno debilitante que a menudo se presenta después de algún suceso aterrador por sus circunstancias físicas o emocionales, un trauma (accidente de tránsito, robo, violación, desastre natural, entre otros).

Este acontecimiento provoca que la persona que ha sobrevivido al suceso tenga pensamientos y recuerdos persistentes y aterradores de esa experiencia. Puede ocurrir en personas que han vivido la amenaza, la han presenciado o han imaginado que podría haberles pasado a ellas.

El TEPT se puede dar en todas las edades, siendo los niños una población muy vulnerable para este trastorno.

Estados de adaptación al estrés.

Algunos autores describen el síndrome general de adaptación como un proceso en tres etapas:

  • alarma de reacción, cuando el cuerpo detecta el estímulo externo; Esta respuesta (a veces denominada respuesta de lucha o huida) es importante, porque nos ayuda a defendernos contra situaciones amenazantes. La respuesta se programa biológicamente.
  • adaptación, cuando el cuerpo toma contramedidas defensivas hacia el agresor;
  • agotamiento, cuando comienzan a agotarse las defensas del cuerpo.

el estrés incluye lo que se denomina distrés y eustrés. Hablaremos de eustrés cuando la respuesta del sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante. Por el contrario, si la respuesta del sujeto al estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de distrés.

Como venimos comentando, el estrés puede contribuir, directa o indirectamente, a la aparición de trastornos generales o específicos del cuerpo y de la mente.

En primer lugar, esta situación hace que el cerebro se ponga en guardia. La reacción del cerebro es preparar el cuerpo para la acción defensiva. El sistema nervioso se despierta y las hormonas se liberan para activar los sentidos, acelerar el pulso, profundizar la respiración y tensar los músculos.

Los episodios cortos o infrecuentes de estrés representan poco riesgo. Pero cuando las situaciones estresantes se suceden sin resolución, el cuerpo permanece en un estado constante de alerta, lo cual aumenta la tasa de desgaste fisiológico que conlleva a la fatiga o el daño físico, y la capacidad del cuerpo para recuperarse y defenderse se puede ver seriamente comprometida. Como resultado, aumenta el riesgo de lesión o enfermedad.

En la actualidad existe una gran variedad de datos experimentales y clínicos que ponen de manifiesto que el estrés, si su intensidad y duración sobrepasan ciertos límites, puede producir alteraciones considerables en el cerebro.

Éstas incluyen desde modificaciones más o menos leves y reversibles hasta situaciones en las que puede haber muerte neuronal. Se sabe que el efecto perjudicial que puede producir el estrés sobre nuestro cerebro está directamente relacionado con los niveles de hormonas (glucocorticoides, concretamente) secretados en la respuesta fisiológica del organismo.

Aunque la presencia de determinados niveles de estas hormonas es de gran importancia para el adecuado funcionamiento de nuestro cerebro, el exceso de glucocorticoides puede producir toda una serie de alteraciones en distintas estructuras cerebrales, especialmente en el hipocampo, estructura que juega un papel crítico en muchos procesos de aprendizaje y memoria.

El estrés laboral

Desde hace varias décadas, son muchos los estudios que apuntan a la relación entre el estrés de trabajo y una variedad de enfermedades. Alteraciones de humor y de sueño, estómago revuelto, dolor de cabeza y relaciones alteradas con familia y amigos son síntomas de problemas relacionados con el estrés que se ven comúnmente reflejados en estas investigaciones.

Sin embargo, gran número de evidencias sugieren que el estrés tiene un papel preponderante en varios tipos de problemas crónicos de salud, particularmente en las enfermedades cardiovasculares, las afecciones musculoesqueléticas y las afecciones psicológicas.

Se puede definir como un conjunto de reacciones nocivas, tanto físicas como emocionales, que concurren cuando las exigencias del trabajo superan las capacidades, los recursos o las necesidades del trabajador.

Puede conducir a la enfermedad psíquica y hasta física. El concepto del estrés de trabajo muchas veces se confunde con el desafío (los retos), pero ambos conceptos son diferentes. El desafío nos vigoriza psicológica y físicamente, y nos motiva a aprender habilidades nuevas y llegar a dominar nuestros trabajos.

Cuando nos encontramos con un desafío, nos sentimos relajados y satisfechos. Entonces, dicen los expertos, el desafío es un ingrediente importante del trabajo sano y productivo. Y un buen terapeuta debe tener esto en cuenta, ya que a veces ahí está la clave para hacer cambiar a un paciente de actitud y dar el primer paso hacia su recuperación.

Existe una gran presión sobre los empleados, directivos y empresarios para dedicar más tiempo y dinero a fin de conseguir los resultados, tomar decisiones, cambiar para innovar, etcétera. Y esto no es nada cómodo para la naturaleza humana, que reacciona con una gran variedad de síntomas derivados del alto grado de estrés que puede alcanzar.

La comunidad empresarial suele reaccionar de forma sintomática a la presión diaria para ser más productiva, más eficaz y a la necesidad permanente de cambiar e innovar para adaptarse más al entorno.

Por ello, las instituciones oficiales y privadas y las empresas más avanzadas han empezado a estudiar este fenómeno, y existe unanimidad en el sentido de que hay que conseguir formas de trabajo más colaborativas y participativas en las que se analice conjuntamente con especialistas normalmente externos (profesionales del coaching de la empresa, psicólogos, etcétera) el proceso de análisis de la realidad empresarial, la toma de decisiones, la mejora de procesos, involucrando a todos los responsables de la toma de decisiones y de la ejecución para mejorar su nivel de control sobre su entorno, reducir el estrés, trabajar mejor y más eficazmente.

La resistencia al estrés

Las variables que confieren a la personalidad las características que la hacen más resistente ante las demandas de las situaciones y que han recibido mayor atención, son aquellas que hacen referencia a las creencias, ya que en su mayor parte son tendencias generalizadas a percibir la realidad o a percibirse a sí mismo de una determinada manera.

Puestos a mencionar frases célebres, Hugh Downs dijo: “una persona feliz no es una persona en determinadas circunstancias, si no una persona con determinadas actitudes”.

En general, se trata de un conjunto de creencias relacionadas, principalmente, con la sensación de dominio y de confianza sobre la realidad del entorno, que van desarrollándose a lo largo de la vida, y que están muy relacionadas entre sí.

El núcleo de creencias de una persona incidirá sobre el proceso de estrés, modulando los procesos de valoración sobre las condiciones estresantes.

Entre dichas características se incluyen:

  • el sentimiento de autoeficacia (Bandura, 1977, 1997)

Este concepto fue introducido por Bandura en 1977 y representa un aspecto nuclear de la teoría social cognitiva (Bandura, 1982,1997). De acuerdo a esta teoría, la motivación humana y la conducta están regulados por el pensamiento y estarían involucradas tres tipos de expectativas:

a) Las expectativas de la situación, en la que las consecuencias son producidas por eventos ambientales independientes de la acción personal. 

b) Las expectativas de resultado, que se refiere a la creencia que una conducta producirá determinados resultados.

c) Las expectativas de autoeficacia o autoeficacia percibida, que se refiere a la creencia que tiene una persona de poseer las capacidades para desempeñar las acciones necesarias que le permitan obtener los resultados deseados.

Los niveles de autoeficacia pueden aumentar o reducir la motivación. Así por ejemplo, las personas con alta autoeficacia eligen desempeñar tareas más desafiantes, colocándose metas y objetivos más altos.

  • el locus de control (Rotter, 1966)

La evaluación del Locus de Control, es “una medición de la capacidad de control y autocontrol, hasta qué punto los sujetos logran controlarse ante eventos sociales o de lo contrario cómo son influenciados por estos en su actuar.

Los dos extremos de locus de control son interno y externo, según las siguientes definiciones:

  • Locus de control interno: percepción del sujeto que los eventos ocurren principalmente como efecto de sus propias acciones, es decir la percepción que él mismo controla su vida. Tal persona valora positivamente el esfuerzo, la habilidad y responsabilidad personal.
  • Locus de control externo: percepción del sujeto que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte o el poder y decisiones de otros. Así, el LC externo es la percepción de que los eventos no tienen relación con el propio desempeño, es decir que los eventos no pueden ser controlados por esfuerzo y dedicación propios. Tal persona se caracteriza por atribuir méritos y responsabilidades principalmente a otras personas.
  • la fortaleza (Maddi y Kobasa, 1984)

El concepto de fortaleza, como lo define Kobasa, sugiere una “ constelación de características de la personalidad que funcionan como medio de resistencia ante los eventos desencadenantes de estrés de la vida”.

  • el optimismo (Scheir y Carver, 1987)

Dentro de este modelo, el optimismo es la tendencia a esperar que en el futuro ocurran eventos positivos y el pesimismo se corresponde a la expectativa de que sucedan acontecimientos desfavorables. Tales expectativas se consideran, además, como disposiciones que permanecen estables, esto es, rasgos, por lo que Scheier & Carver hablan de optimismo disposicional.

Básicamente el modelo desarrollado por estos autores asume que, cuando surgen dificultades, las expectativas favorables incrementan los esfuerzos de las personas para alcanzar objetivos, en tanto que las expectativas desfavorables reducen o anulan tales esfuerzos. Se considera igualmente  que el optimismo desempeña un importante papel en el desarrollo de tareas y en las experiencias emocionales.

  • el sentido de coherencia (Antonovsky, 1987)

El Sentido de Coherencia formulado por Antonovsky pretende medir una orientación global de personalidad que facilita la solución de problemas de forma adaptativa cuando la gente se encuentra ante situaciones estresantes.

Representa la capacidad que tiene la persona para percibir el significado del mundo que le rodea, así como para advertir la correspondencia entre sus acciones y los efectos que éstas tienen sobre su entorno.

Fue concebido por Antonovsky para explicar por qué algunas personas permanecían saludables cuando se enfrentaban a situaciones estresantes y otras caían enfermas.

Antonovsky engloba el Sentido de Coherencia dentro de su modelo salutogénico  en el que toma una visión dinámica del bienestar humano y se centra en explorar el origen de la salud en vez de explicar las causas de la enfermedad. Es un enfoque centrado en el desarrollo positivo de la salud, en la promoción de la salud.

Formas de combatir el estrés

Para combatir el estrés se suelen recomendar los ejercicios respiratorios. El objetivo es ejercer un control voluntario sobre la respiración de manera que la utilicemos como calmante cuando nos abrumen las situaciones de estrés. Está demostrado que una respiración adecuada tiene un efecto calmante sobre la persona que está sometida al estrés.

La terapia de masajes, o tratamiento corporal:

Consiste en una manipulación de los tejidos sensibles del cuerpo, y no hay mejor manera de aliviar los dolores. También es excelente para aumentar el flujo de oxígeno y otros nutrientes hacia la sangre y los huesos.

Esta forma de terapia física ha sido usada durante miles de años en todo el mundo, aunque a menudo se le atribuye su invención a los chinos. En el siglo VI, los japoneses aprendieron a usar los masajes para manipular las energías del cuerpo, pero no sería sino hasta el siglo XIX que el masaje sueco —que hoy día es el más popular — se desarrolló; éste combina los principios modernos de la fisiología y técnicas antiguas.

Actualmente, existen diferentes opciones para las personas que necesitan aliviar su espalda y hombros. Las técnicas van desde trabajar básicamente los músculos contraídos para relajación y alivio del estrés hasta los tratamientos que alteran y afectan la energía corporal. Hay masajes que utilizan piedras calientes; otros que masajean suavemente el cráneo y las vértebras para ayudar a balancear la circulación de los líquidos que rodean el cerebro (la terapia sacrocraneal) y hay otros que usan vibraciones y sacudidas (método Trager) para obtener los resultados deseados. En realidad, la lista es infinita y también interesante.

Hay un exceso de modalidades de masajes en el mercado, y seleccionar el mejor puede resultar confuso. Para sacar el mejor provecho de un masaje, hay que saber exactamente qué se quiere obtener: relajación, la mejora de los movimientos, el alivio de los dolores y del estrés son resultados posibles a un masaje.

Los masajes están básicamente diseñados para dos funciones específicas —la relajación y el tratamiento del dolor— también son beneficiosos para el cuerpo a nivel físico, emocional y mental.

Físicamente, la terapia de masajes puede reducir los espasmos musculares y la tensión, aumentar la flexibilidad de las articulaciones, promover una respiración más profunda y fácil, reducir la presión arterial, mejorar la postura, favorecer la salud de la piel y, en casos de lesiones, reducir el dolor, la hinchazón y la formación de cicatrices. Algunos masajes pueden incluso aliviar enfermedades y síntomas, al menos temporalmente.

A un nivel más espiritual, una sesión de masajes puede obrar maravillas en la mente: reduce la tensión mental, aumenta la habilidad para reconocer las señales del estrés y aumenta la capacidad para pensar con claridad.

Y por si todo eso fuera poco, los masajes son maravillosos para insuflar un estado general de bienestar porque muchas técnicas favorecen la secreción de endorfinas y también ayudan a mejorar la autoimagen.

Entre las técnicas de masaje de vanguardia se destacan:

Acupresión — Emplea la presión de los dedos, los pulgares y los codos para liberar las tensiones de las fibras musculares aplicando una presión concentrada y luego soltando, enviando de esta manera el flujo sanguíneo al tejido.

Sacrocraneal — A través de técnicas de manipulación suave sobre el cráneo y las vértebras, balancea la circulación de los líquidos que rodean el cerebro, mejorando así las funciones cerebrales y de la columna vertebral para disipar los efectos negativos del estrés.

Reiki — Significa “energía universal de vida”; esta técnica usa la imposición tradicional de las manos sobre el cuerpo sin presión o sin tocarlo. El especialista en reiki cura el cuerpo alterando la energía.

Reflexología — La presión manual es aplicada a las plantas de los pies, donde diversos puntos específicos se conectan con diferentes partes del cuerpo. Después de ubicar los bloqueos o desequilibrios, el masajista los libera, restituyendo el flujo sanguíneo y de energía.

Rolfing — Alínea las principales partes del cuerpo estirando, alargando y reposicionando gradualmente los tejidos conectores.

Shiatsu — Es una terapia de curación tradicional de imposición de manos, que combina la presión con la aplicación de toques largos sobre los campos energéticos del cuerpo. En combinación con hidroterapia hablamos de terapia Watsu.

Sueco — Es un conjunto de técnicas diseñadas para relajar los músculos aplicando toques suaves en las partes más delicadas del cuerpo y toques más fuertes en las áreas musculosas más gruesas que retienen el estrés. Estupendo para reducir la tensión emocional y física.

Trager — En esta terapia se utiliza el balanceo corporal para conseguir armonizar ambos hemisferios cerebrales, relajar los músculos y devolverles la salud. Es ideal para sentir paz y serenidad.

Termoterapia — Es una de las tendencias más recientes en las terapias de masajes, que combina éstos con el uso de elementos a la temperatura corporal como toallas o rocas volcánicas.

Conclusión.

Por lo tanto, podemos concluir que los terapeutas, a través de una buena praxis de las técnicas y maniobras del masaje sueco, y una actitud profesional y cercana, podría conseguir contrarrestar los principales síntomas que presenta un paciente afectado de estrés, insomnio o estados anímicos depresivos.

Las manifestaciones físicas producidas por estas enfermedades son similares o al menos, muchas de ellas comunes (alteración del sueño, sensación de ahogo o falta de oxígeno, fatiga, nerviosismo, ansiedad, dolor muscular y/o articular, bloqueo mental, falta de memoria, mal humor, inseguridad…) pueden paliarse a través de sesiones de osteopatía y los masajes terapéuticos y vitales.

Como ya hemos mencionado, los masajes favorecen la circulación, alimentando así los tejidos con sangre rica en oxígeno y nutrientes, relajan la musculatura, aliviando así el dolor físico y favoreciendo la respiración y la liberación de metabolitos y toxinas acumuladas en el organismo, decoaptan las articulaciones y adherencias.

Esto proporcionando mayor movilidad y sensación de libertad dentro de tu propio cuerpo, favorece la estética postural y de los tejidos, ayudando a elevar la autoestima.

En definitiva, cuando las personas tienen el estado anímico-emocional alterado, viven más dentro de su mente que de su cuerpo, por lo que lo ignoran, o lo rechaza.

Gracias a la acción del masaje, los sujetos llegan a ponerse en contacto con su cuerpo, toman consciencia de él, para que su parte psíquica, pueda curarse, es decir, recuperar el equilibrio.